No es el veneno lo que acaba con los topillos

El pasado verano una plaga de topillos que afectó principalmente a las provincias de Valladolid, Palencia y Zamora y, para frenarla, la Junta decidió utilizar veneno. Un estudio revela ahora que el fin de la plaga de topillos fue igual de fulminante en las áreas en las que no se emplearon los venenos y sí provocaron, en cambio, un grave daño al resto de las especies.

En un momento en que el campo estaba lleno de grano envenenado en superficie, encontramos que solo el 50% de los cadáveres de los topillos tenía el tóxico. El resto había muerto por otra causa, posiblemente un agente patógeno. Es decir, había en el campo un agente de mortalidad natural tan importante como un
tratamiento salvaje con rodenticida", explica Javier Viñuela, biólogo del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), del CSIC, y uno de los autores del trabajo realizado conjuntamente con la Universidad de Valladolid.

Esto es lo que explicaría algo que se sabía, pero que se ha vuelto a ignorar conscientemente: los topillos desaparecen igual de bien de zonas en las que se trata con veneno como de zonas sin tratar, y la brusca desaparición es un fenómeno natural", concluye Viñuela. Las lagunas de Villafáfila, en Tierra de Campos, y Ayllón en Segovia, son dos de los lugares en donde la plaga ha remitido por sí sola.

La Junta de Castilla y León dio oficialmente por finalizada la plaga hace una semana, atribuyendo el éxito de manera absoluta a la aplicación de los venenos, en los que se ha gastado 24 millones de euros.

Sin embargo, además de no afectar a gran parte de los topillos, los compuestos empleados, clorofacinona y bromadiolona, se han revelado como bombas letales para el resto de animales. Otro de los investigadores del IREC, Rafael Mateo, explica los dos escalones en la gravedad del problema: "Al principio, el tratamiento se hizo de forma no selectiva, esparciendo en superficie el grano tratado con clorofacinona, por lo que se intoxicaron todas las especies que se alimentan de ese grano en la zona". El experto explica que, más tarde, decidieron cambiar a bromadiolona, un raticida más potente que además de matar a las especies granívoras puede llegar a acumularse en las especies depredadoras hasta intoxicarlas. "Nuestros estudios en curso indican que la clorofacinona era suficiente para matar a los topillos,
pero que la forma de aplicación (tipo de cebo y colocación) deberían mejorarse para ser más eficaces y selectivos
". La investigación, de la que es coautor Rafael Mateo, está a punto de ser publicada en la revista científica Avian Diseases.

Desde principios de 2007 (la plaga comenzó en verano de 2006) fue evidente el rastro de muerte que la clorofacinona dejaba en las demás especies silvestres. Laboratorios de Murcia, León y Ciudad Real encontraron preocupantes porcentajes de animales muertos por el tóxico, distintas especies de aves y, en particular, liebres, porque también comen grano.


La presumible alta mortandad de depredadores desestabiliza el equilibrio ecológico, y deja al campo sin defensas naturales ante un futuro rebrote de la plaga de topillos"
, añade Javier Viñuela.

Sin embargo, los técnicos de la Junta recomienda a los agricultores conservar veneno
para que, en caso de ver huras activas en sus tierras, utilizarlo sin pensarlo dos veces. Este uso del veneno crea un precedente muy peligroso frente a futuras plagas.

Fuente: Diario Público; Terra VMT